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El Biodiesel y el Alcohol

 Diversos factores han coincidido para dar impulso a la búsqueda de combustibles alternativos al petróleo.

 


Por: Tomas Unger

El principal factor ha sido la disparada de precios del crudo, que el año pasado llegó a los 150 dólares por barril. La toma de conciencia sobre los problemas ambientales, el calentamiento global y el cambio climático son factores adicionales. La dependencia de los hidrocarburos en los países industrializados ha adquirido prioridad política, acentuada por la crisis del gas creada por los rusos en Europa.

MAÍZ Y ALCOHOL

El resultado ha sido una serie de medidas, no siempre acertadas. En una movida puramente política, el gobierno de Bush creó un subsidio al maíz, con el fin de producir alcohol para uso automotor con resultados altamente contraproducentes. Los agricultores han pasado del cultivo de soya al de maíz, cuyo rendimiento de alcohol es el más bajo de todos los cultivos, con lo que ha crecido la demanda sobre la soya brasileña a costa de la selva amazónica y los cultivos de panllevar. A esto hay que añadir que arar, sembrar, cosechar y producir alcohol del maíz consume más energía de la que se ahorra.

Brasil, país que hasta hace poco no tenía petróleo, tiene una larga tradición de emplear alcohol para uso automotor. Esto lo ha enfrentado fabricando motores adecuados a un alto porcentaje de alcohol, que es corrosivo. En diversas partes del mundo se está experimentando con otros vegetales para producir tanto alcohol como biodiésel. Los resultados son diversos, ya que el rendimiento de las plantas varía enormemente, así como los climas y terrenos donde pueden cultivarse y el contenido de energía de los combustibles que producen.

LOS RENDIMIENTOS

Una manera de calcular la rentabilidad de un determinado biocombustible es en la cantidad de litros por hectárea de cultivo. Sorprenderá a muchos saber que el vegetal de menor rendimiento es el subvencionado por la administración de Bush: el maíz rinde solo 172 litros de combustible de 53 octanos por hectárea . Por encima están el algodón, la soya, el arroz y el girasol, que llega a 952 litros con 52 octanos. En otra categoría están el maní, con 1.059 litros por ha, hasta el coco con 2.690 y 70 octanos, pasando por la amapola y la jojoba. La palma aceitera es la más rendidora: 5.950 litros de hasta 85 octanos.

En otra categoría está lo que algunos llaman el biocombustible 3G, de tercera generación: las algas. Un cultivo de microalgas rinde 95.000 litros por hectárea. De acuerdo con el proceso de extracción, este puede ser un bioetanol, un gas o materia prima para producir plástico (polímeros). Una empresa norteamericana que experimenta con microalgas dice poder producir hasta 82.000 galones por hectárea al año reciclando el CO2. Un proceso que usa energía solar y reduce el gas invernadero, del que nos ocuparemos próximamente.

BIODIÉSEL

El término “biodiésel” es demasiado amplio para tratarlo bajo un solo nombre. A un extremo está la posibilidad de generar energía en un lugar apartado de la selva, donde el aceite de palma es una excelente solución, aunque requiriera modificar el motor del generador. Llevar combustible a lugares apartados de los centros de producción es caro y usa combustible. Una plantación en la selva puede abastecerse de energía con un cultivo de palma a un costo menor, sin depender del suministro externo.

Otra cosa es reemplazar un cultivo de panllevar gastando energía en abonos, control de plagas, cosecha y procesamiento.

El intento demagógico del maíz tuvo una repercusión directa en los precios de los alimentos. Por otra parte, la ampliación de áreas de cultivo supone la tala de bosques y una reducción drástica en la cantidad de hojas que reciclan el CO2. Los cálculos no son fáciles y varían con la localidad y el cultivo, pero los principios son los mismos: el reemplazo reduce los cultivos de panllevar, las nuevas áreas de cultivo reducen los bosques y, en todos los casos, trabajar la tierra, cultivar y cosechar consume energía (hoy proveniente del petróleo).

CORROSIÓN Y AZUFRE

En nuestro país el combustible diésel (petróleo número 2) tiene un serio problema: el contenido de azufre. El de menor contenido en nuestro mercado tiene 500 partes por millón (ppm), la mayoría tiene mil. Parece poco, pero 1.000 ppm —una milésima— en un litro es un centímetro cúbico, ¡un terrón de azúcar en una botella de un litro! Para dar una idea de lo que esto significa como contaminante del motor y del ambiente, el límite actual de 50 partes por millón va a ser reducido en Europa a menos de 20. Estamos 50 veces por encima.

El alcohol también tiene efecto sobre el comportamiento del combustible. En la gasolina altera el punto de evaporación y además es corrosivo. Adicionalmente tenemos que tomar en cuenta la variedad de condiciones físicas en las que debe funcionar un combustible en el Perú. Al mediodía en Sullana puede haber 40 grados casi a nivel del mar, mientras que a las 6 de la mañana en Cerro de Pasco hay que arrancar el mismo motor a 4.000 metros de altura y a temperaturas bajo cero.

La industria automotriz viene trabajando más de un siglo con combustibles derivados del petróleo, producidos en refinerías que se han perfeccionado para elaborar combustibles que den el máximo rendimiento sin dañar los motores. La industria automotriz produce cientos de millones de pistones, anillos, inyectores, etc., diseñados para determinados combustibles.

Adaptarlos es caro, por lo que los cambios deben ser bien pensados y sus consecuencias económicas debidamente sopesadas.

EL FUTURO

El reemplazo del petróleo como combustible automotor es una necesidad. Lo ideal sería usar la energía solar directamente para cargar baterías o producir hidrógeno que, en las celdas de combustible, hecha solo agua por el escape. La energía nuclear para cargar baterías es otra solución. Los combustibles alternos pueden serlo, pero requieren un análisis cuidadoso del balance energético, el costo y las consecuencias ambientales. La palabra “biocombustible” suena a “verde”, pero en realidad es la sustitución de hidrocarburos por carbohidratos a un alto costo y siempre con CO2 (anhidrido carbónico, gas invernadero) por el escape.

Entre las soluciones con mayor probabilidad de éxito está el automóvil eléctrico, cuyo precursor el híbrido ya está aquí. La fuente de energía eléctrica ideal sería la solar (y la eólica, una de sus formas), siendo la nuclear una buena alternativa. En cuanto al combustible que por su densidad de energía es irreemplazable en ciertos usos, como la aviación, la mejor opción se presenta en el mar. Las microalgas tienen un rendimiento en combustible tres órdenes de magnitud superior al de las plantas terrestres y su cultivo no requiere de tierra agrícola. De ellas nos ocuparemos próximamente.

Fuente: Diario El Comercio
http://www.elcomercio.com.pe/impresa/notas/biodiesel-alcohol/20090707/310558

 
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